
Ese fue el título de la conferencia que dictó Mike Shatzkin,
especialista en la evolución de la industria digital, en el marco del
Foro de Expertos en Comunicación
organizado por la Escuela de Posgrados de Comunicación de la
Universidad Austral, que tuvo lugar el jueves 25 de abril en el Club
Americano, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Mike Shatzkin, quien fue traído al país por la Fundación El Libro
para disertar en la Feria del Libro de Buenos Aires, es consultor en
servicios de gestión de datos para la industria editorial. En su
exposición se refirió a la realidad que atraviesa esa industria en EEUU,
una industria particularmente impulsada por el gobierno de ese país.
Ese contexto favorecido por la liberación de impuestos permitió que
empresas como Amazon –una distribuidora mayorista de libros- crecieran
rápidamente, y que a 12 años de su entrada en el mercado lanzara su
propio lector de libros electrónicos: Kindle. Shatzkin precisó que
“cuando lanzó Kindle, Amazon no sólo tenía una gran audiencia
sensibilizada con la compra de libros, sino que gozaba de un gran poder
de negociación con las casas editoriales para incluir sus libros”. El
primer Kindle era muy caro (400 dólares), pero no lo fue para aquellos
que leen muchos libros. Entonces, una pequeña cantidad de Kindles fue
puesta en manos de lectores ávidos, y eso empujó la evolución del libro
electrónico. Esto no quiere decir que pase lo mismo en otros países,
pero según Shatzkin, la revolución digital va a ocurrir y terminaremos
todos en el mismo lugar.
Escala, verticalización y atomización
Shatzkin habló a continuación de los
tres aspectos que él considera que van a determinar el futuro del mercado editorial.
En primer lugar se refirió a la
escala,
que es el uso del tamaño del mercado para ganarle a la competencia.
“Estamos en un mundo dominado por Amazon, Google y Apple, cada una de
estas compañías es mucho más grande que cualquier casa editorial en el
mundo”, sostuvo. Sin embargo, aclaró que a estas grandes empresas no le
interesan los libros: “Amazon quiere venderle todo a todo el mundo,
Apple quiere construir dispositivos en un ambiente de medios y
comunicación, y Google vende publicidad, eso es lo que hacen, así
generan recursos, y participan en el negocio de los libros”. Ahora, en
el interior del mercado editorial, también se está dando la fusión de
las grandes tiendas de libros, como Random House y Penguin. Shatzkin
cree que estas grandes tiendas en el futuro van a comenzar a vender
libros electrónicos por suscripción, pero no lo van a tercerizar sino
que lo van a hacer ellas mismas para mantener el margen de ganancia.
Ahora, Shatzkin intuye que los autores reconocidos no van a publicar
libros por suscripción, sino que preferirán vender libros que no tengan
estas compañías.
La otra predicción de este especialista en el mercado editorial es que
las librerías, en el futuro, van a desaparecer,
y esto está sucediendo ya. Por ejemplo, dice Shatzkin, Barnes &
Noble tiene ahora la mitad de espacio que tenía hace un año para
almacenar libros. Lo que ocurrirá entonces es que las grandes tiendas
colocarán sus libros directamente en cualquier negocio, lo cual será una
ventaja porque van a tener mil o dos mil lugares donde colocar sus
libros impresos, cosa que no podrán hacer las editoriales de menor
tamaño. En ese sentido, Shatzkin pronosticó: “francamente creo que el
camino hacia adelante para las otras casas editoriales que no sean Radom
House se está complicando”.
El segundo aspecto que abordó Shatzkin es la
verticalización.
Con esto se refiere a la necesidad de que las editoriales, que
actualmente siguen siendo generalistas, apunten a audiencias
específicas. Al no contar ya con las librerías –que actualmente reciben
diversidad de libros en cajas, los organizan en sus estanterías y los
venden- las grandes tiendas irán directamente al consumidor. No pueden
publicar todo, hay que seleccionar las audiencias. “Se debe pensar en
centrarse en la audiencia y no en los formatos”, sintetizó Shatzkin, a
la vez que advirtió: “con este cambio hacia la verticalización, las
empresas más grandes son las más amenazadas”.
La
atomización del
mercado fue el tercer aspecto abordado por Shatzkin en su conferencia.
“Se trata de la dispersión de las decisiones acerca de la publicación”,
explicó, y en este caso ejemplificó con las prensas universitarias:
“para tener una prensa necesitás conocimiento, capital y una
organización; pero para publicar libros electrónicos no necesitás eso”,
dijo. El departamento de Historia o Sociología de una universidad tiene
el capital intelectual, tiene contacto con colegas de otras
universidades, y cada departamento puede publicar su material.
Entonces, “la editorial va a cambiar de industria a función”, resumió.
En otras palabras, no se va a requerir unirse a una organización
comercial para publicar un libro, lo puede hacer uno mismo o en
concierto con otras personas que compartan las mismas ideas.
Naturalmente, aclaró Shatzkin, “
esto significa que habrá menos
puestos de trabajo en las compañías editoriales, pero también estará la
necesidad de tener conocimientos editoriales en todas las empresas”, sostuvo.
Un futuro incierto
El momento de las preguntas sirvió para acercarle al orador las
inquietudes y preocupaciones de quienes, relacionados de distinto modo
con el mercado editorial, vivimos en estas latitudes. Una de las
cuestiones fue la incompatibilidad de formatos en los distintos e-books
existentes en el mercado (E-pub para el Nuke de Barnes & Noble, Mov
para el Kindle de Amazon, etc.). Para Shatzkin no es un tema que le
preocupe a la industria en este momento, ya que “lo que les interesa a
los fabricantes de dispositivos es que vuelvas a consumir los libros que
proveen ellos”, y dado que raramente los lectores de e-books leen el
libro más de una vez –la mayoría de los textos son narrativos, no de
referencia-, el formato no es algo que importe demasiado. En la misma
línea, Shatzkin fue consultado acerca de los derechos sobre los libros
digitales, protegidos con estándares como DRM. Al respecto, el
especialista consideró: “la intención de DRM es que no se distribuya
contenido de forma no autorizada, pero eso crea complicaciones si se
quiere leer el archivo en otro dispositivo, y hay gente muy molesta con
eso. También está la creencia de que impedir compartir el contenido
reduce el mercado, y a la vez los dueños de los derechos están nerviosos
sobre el hecho de que un archivo digital pueda ser replicado infinitas
veces sin pérdida de calidad”. Esta situación compleja, para Shatzkin,
es una constante del mercado y lo seguirá siendo en los próximos años.
Otras inquietudes que se plantearon tienen que ver con las
características del libro electrónico y las obvias comparaciones con su
antecesor impreso. Por ejemplo, en el caso de los manuales, Shatzkin
consideró que el libro impreso “ya no es válido como manera de diseminar
la información”, y lo comparó con los videos que uno puede conseguir
fácilmente en Youtube y que explican en forma didáctica cualquier
procedimiento. Luego llegó la pregunta que nunca puede faltar: ¿qué
experiencia puede ofrecer un libro impreso que una pantalla no? A lo
cual Shatzkin respondió –desde la mirada de la industria, recordemos-
“no hay por qué parar la impresión de libros, podemos imprimir un libro a
un precio razonable. Si te gusta dar vuelta la página y marcar el libro
podés seguir haciéndolo, pero
dentro de 20 años cuando un niño
vea a una persona leyendo un libro impreso le preguntará a su mamá ¿qué
están haciendo esa persona?”.
Finalmente, un último aspecto a destacar sobre el futuro de los
libros es el porvenir de la lectura, en manos de los lectores del
futuro, que son los chicos. Al respecto, Shatzkin sostuvo que los libros
para chicos en general han ido en aumento a pesar de la caída
generalizada en las ventas. Pero los chicos se sienten muy cómodos con
los dispositivos de video, y en ese sentido dijo algo que llamó la
atención: “
hasta hace poco, plasmar imágenes en palabras era la
forma más barata de comunicación; ahora es al revés, porque plasmar
palabras en imágenes es más barato que los libros, y hoy los chicos
pueden escribir un libro –es decir, hacer un video-
muy fácilmente”.
Este aspecto se relaciona directamente con la enseñanza, una de las
preocupaciones centrales de la industria de las editoriales educativas.
Preguntado acerca de la llegada de la tecnología del e-book a las
grandes masas de población que viven en contextos de pobreza, Shatzkin
fue tajante: “ellos tendrán acceso a otras tecnologías más rápidamente, y
sucede lo mismo que con los países donde no hay acceso a teléfonos
fijos y se va directamente a la telefonía celular. Los libros son
pesados, cuesta reproducirlos.
En poco tiempo más va a ser más económico enseñar a través de tabletas, no de libros,
se va a poder brindar educación a lugares donde actualmente no tienen, y
todos están usando soluciones digitales. En 20 o 30 años vamos a ver
cosas diferentes en calidad de educación, y allí los niños van a hacer
unos buenos videos”, concluyó.
Fuente: http://www.austral.edu.ar/comunicacion-posgrados/del-libro-impreso-al-e-book-lo-que-nos-ensena-la-digitalizacion-de-la-industria-editorial/
Etiquetas: Ebook, industria editorial, Nuevas Tecnologías