
Cuando se habla de
ciberguerra a todos nos viene a la mente un
escenario muy influido por el cine a modo de videojuego en donde el
litigio se dirime de forma incruenta, casi aséptica. La realidad es bien
distinta. El crecimiento de la infraestructura tecnológica y la
penetración de las redes de datos hacen que a día de hoy
infraestructuras críticas puedan estar expuestas de un modo u otro a
diversos tipos de ataques. Un nuevo orden mundial se está conformando en
el terreno de conflicto relativamente confinado de las redes.
En
este contexto tecnológico, ciberguerra y cibercrimen son tan difíciles
de separar como complicado dilucidar la diferencia real entre ambos. La
acepción de “Ciberguerra Fría” comienza a tomar cada vez más cuerpo
entre expertos de seguridad de todo el mundo. Los escenarios de esta
guerra son tan diversos como sus partes. Englobarlos en un contexto
común es ya una tarea complicada dado que el único nexo de unión entre
todos es que el escenario principal se da en la red de redes.
Al
contrario que las campañas que puedan llevar adelante grupos que se
denominan Anonymous, el conflicto soterrado entre potencias, grupos de
intereses y criminales ha tratado de permanecer en un segundo plano
informativo por interés propio. Sin embargo, tanto por informaciones
periodísticas como por la propia intención de varios de los jugadores en
este
nuevo tablero geoestratégico, son cada vez más las informaciones al respecto que saltan al primer plano informativo.
Ciberdefensa y legislación
Para
conocer el peso que todo el asunto ha tomado en los tiempos recientes
nada mejor que acudir a la documentación pública de diferentes
organismos internacionales. Así podemos ver cómo el
manual de la OTAN acerca de ciberguerra legitima el
asesinato de hackers.
La falta de una legislación
o acuerdo internacional a propósito del conflicto en el terreno de las
redes parece estar sirviendo de excusa para que la impunidad se abra
paso. Operaciones de sabotaje y espionaje se suceden cada vez con menos
disimulo y se atribuyen de forma espuria a supuestos hackers, cuando es
cada vez más manifiesto su origen real.
Como nota inquietante,
que la revista norteamericana Wired, sitúe a Eugeni Karsperski,
ciudadano ruso y dueño de la compañía de seguridad con su mismo
apellido, como una de las
quince personas más peligrosas del mundo por su colaboración activa con el
FSB (agencia
Rusa de seguridad) y sus acreditados conocimientos en ciberseguridad,
no deja de ser esclarecedor. La “peligrosidad” parece ir más en función
de las lealtades que a las actuaciones concretas.
Mucho menos agresivos, organismos como la
Unión Europea, también han comenzado a elaborar informes que acompañan a
maniobras de sus organismos de seguridad, como la polémica agencia
ENISA (Agencia Europea de Seguridad de las Redes y de la Información).
Australia,
o Finlandia también desvelan su planificación al respecto haciendo
público sus documentos sobre ciberseguridad. En todos ellos, aparte de
los lugares comunes, se puede entrever cómo la
exposición de sectores estratégicos cada vez mayores preocupa a los gobiernos.
Hace
apenas unos días, surgió la noticas respecto a cómo han podido ser
sustraídas información de primer orden a propósito de más de 79.000
instalaciones hidráulicas en EEUU por parte de hackers Chinos. Parece ser que las
incursiones electrónicas
de diversos hackers han sido tan discretas como continuas y ahora son
los propios gobiernos los que deben replantearse cómo asegurar
instalaciones básicas.
Por su parte,
el Pentágono está preparando unidades especiales
de ofensiva en un proyecto de ciberguerra en el que estas puedan
intervenir comunicaciones y realizar ataques a infraestructuras
controladas por ordenador para inutilizarlas o destruirlas. A esta
información acompaña
la autorización por parte de la presidencia de EEUU
para realizar ataques cibernéticos a gran escala. Mientras tanto, su
secretario de Defensa, Leon Panetta, alimenta la caldera hablando de que
su nación se enfrenta a un eventual ”
Ciber Pearl Harbor“.
La estrategia de inteligencia de los EEUU ha variado en los últimos años enfocándose más hacia la
intervención de comunicaciones y operaciones electrónicas
y retirando gran cantidad de agentes de campo. Sin embargo, esta
estrategia no siempre ha dado los resultados esperados. Al calor de los
atentados del 11S, legislaciones como la
Patriot Act y la
Homeland Security conseguirían ahondar en el camino del espionaje electrónico, aunque no siempre ofrecerían los resultados deseados
en la persecución y prevención del terrorismo.
Aun
así, los resultados de la actividad en los terrenos de incursiones
informáticas darían ejemplos concretos de ciberataques, entre los que
destaca
Stuxnet,
Duqu o
Flame
que han demostrado ser poderosas armas capaces de inutilizar
infraestructuras y espiar equipos críticos en sistemas de defensa o
investigación.
Los cinco escenarios de ciberguerra:
1. EEUU y China. Un conflicto no declarado cada vez más evidente.
La
curiosa relación entre China y los Estados Unidos, les ha llevado a una
constante tensión que ni puede ser declarada abiertamente ni se
manifiesta más allá de esa guerra oculta que se libra en las redes.
Mientras tanto, lugares públicos como el “Foro de la Industria de
Internet China y Estados Unidos”, acogen calurosas declaraciones de
intenciones en las que la colaboración contra el crimen y el espionaje
son la clave.
Casos como el de
Huawei, acusado el año pasado de mantener abiertas puertas traseras en sus
routers
que permitirían un eventual espionaje y acceso a sus infraestructuras
por parte del país de origen de estos dispositivos, desató una polémica
comercial que pasaría a primer plano informativo al formalizarse la
queja por parte de la embajada China a propósito de la campaña contra
una de sus mayores empresas tecnológicas.
Según un
informe de Akamai, China supuso a lo largo del último trimestre de 2012 un 41% del tráfico global de los
ataques de denegación de servicio (DDoS).
EEUU representó el 10% de estos. El crecimiento de estos ataques y la
multiplicación de sus orígenes hacen que las estrategias de seguridad de
empresas no directamente vinculadas a la red, como bancos y medios de
comunicación, queden expuestas. La escalada en la complejidad evidencia
cada vez más que sin un claro
patrocinio y el respaldo de una infraestructura cada vez mayor no es posible llegar a la escala actual que adquieren estos ataques.
En 2009, se produciría el ataque conocido como
Aurora,
que tendría como principal objetivo un Google que se negaba por aquel
entonces a aplicar las cláusulas de censura que el Gobierno chino
pretendía imponer al buscador. Las cesiones parciales a la censura no
serían suficientes para Pekín. Finalmente, Google decidiría abandonar
China, que desde entonces elevaría a Baidu como la gran opción de un
internet debidamente fiscalizado por las autoridades.
Otro momento comprometido para las autoridades chinas sería la
filtración en un documental
de corte propagandístico en el que se mostraba la interfaz de un
software de ataque que solicitaba una dirección IP desde la que encubrir
el origen real de este. En el fotograma, se empleaba la dirección de la
Universidad de Alabama, lo que dejaba en mala posición un reportaje que
pretendía mostrar a China como víctima.
Esclarecedor ejemplo ha sido también el nuevo
centro de operaciones ubicado en Shangai,
que se ha revelado como una de las fuentes de buen número de
intervenciones en la red. Si bien ha sido complicado revelar la
procedencia de estos ataques, dado que la mayor parte empelan como
plataforma la multitud de
equipos zombies (operados remotamente por un software de control remoto) que operan como una
BotNet (red de ordenadores infestados), finalmente el origen apunta a este centro de operaciones.
La
sombra de los ciberataques procedentes de China parece siempre seguir
unos parámetros que difícilmente podrían apuntar a hackers individuales.
Así los sucesivos ataques a
empresas,
prensa
y organismo gubernamentales como la NASA, no dejan de apuntar, aunque
si pruebas concluyentes, hacia miembros apoyados por el propio gobierno.
La contraparte es aún más oscura. China, apenas reporta casos en los
que su seguridad haya sido comprometida, a pesar de la constancia de que
no dejan de sucederse casos en ambas direcciones. Así, el ministerio de
Defensa chino y otros sitios militares han llegado a contabilizar
mensualmente un promedio de 144.000 a lo largo de 2012, de cuyo origen
parece que
un 62,9% partía de EEUU según una de las pocas informaciones suministradas.
Ciertamente,
las informaciones que se deslizan en los medios apuntan a un espionaje
organizado y constante por parte de EEUU. La revelación de todo un
arsenal de nuevas armas secretas chinas, directamente recogido en
informes públicos del Pentágono,
no deja lugar a dudas del espionaje que este mantiene. La exactitud de
los datos acerca de armas como misiles balísticos orbitales, cazas y
sobre todo nuevas herramientas orientadas al ciberespionaje revelan una
actividad importante en este sentido.
2. Guerra cibernética contra “Estados enemigos” como Irán o Corea del Norte Irán,
pasando por Siria en su camino, se ha convertido para EEUU e Israel en
el próximo objetivo geoestratégico. La aparición de
Stuxnet y la intrusión informática en la planta de enriquecimiento de uranio iraní de
Natanz
en 2010, ha sido uno de los momentos más señalados de todo este
proceso. No se trata solamente de que se haya podido acceder desde el
exterior al corazón de los sistemas de control de unas instalaciones
críticas sino que el método planteaba una novedad inquietante. Así
Stuxnet abría el camino a toda una nueva generación de virus espía capaz de
actuar de forma casi autónoma y con un potencial aterrador.
No sería hasta bastante después, cuando el propio Gobierno estadounidense confirmara la existencia de
un arsenal informático preparado para eventuales ataques preventivos,
cuando sabríamos que se confirmaba, de forma tácita, que Stuxnet
formaba parte de dicha infraestructura. Posteriormente conoceríamos que
sería concretamente parte de una colaboración entre EEUU e Israel. Tanto
Stuxnet como Duqu,
siguen un mismo patrón. El peligro de ambos es la casi independencia
con la que estas armas cibernéticas operan. Una eventual “mutación” o
una deriva inesperada podría hacerlas operar a una escala no prevista o
incluso volverlas contra sus creadores, como tantas obras de ciencia
ficción nos han adelantado.
Por su parte,
Hezbollah también
ha comenzado a crear una estructura desde la que realizar incursiones
en el ciberespacio. El frente abierto contra Israel, nos ha ofrecido
otro capítulo curioso. De forma independiente operaciones de miembros de
Anonymous han confluido en ataques a infraestructuras informáticas
expuestas sobre todo tras los últimos episodios contra palestina por
parte del estado hebreo. En este contexto, deberemos estar atentos a
cómo se desenvuelve
la llamada OpUSA. Entre las acusaciones más destacadas, la de volver a
entrenar y equipar a yihadistas contra el gobierno Sirio.
El escenario del conflicto sirio también ha aportado sus particulares operaciones como la llevada adelante por la
Syrian Electronic Army,
que se atribuye los ataques de esta semana pasada a medios
occidentales, como la BBC, France 24 TV, diversas radios públicas
estadounidenses, Al-Jazeera, el Gobierno de Qatar y diversas cuentas de
Twitter desde las que se difundirían
informaciones falsas que llevarían a la caída de 145 puntos al índice Down Jones. Parece que en este sentido Siria puede ser el prólogo de una intervención contra su socio iraní.
Mientras,
Corea de Norte y sus supuestas instalaciones nucleares se han
convertido en otro de los objetivos prioritarios tanto de su vecino del
sur como de EEUU. La reciente
entrada de hackers en las redes norcoreanas,
aisladas del resto de internet, ha sido posible gracias a un despliegue
de antenas Wifi amplificadas que pudieron captar la señal y establecer
un punto de entrada desde lugares próximos a la frontera. La intrusión
terminaría por afectar a diversas infraestructuras aunque no alcanzara a
ordenadores con información acerca del programa nuclear. Tal
infraestructura
difícilmente pasaría desapercibida en una de las fronteras más vigiladas del mundo.
La reacción del norte fue cortar la línea de enlace existente desde
2006 para evitar confusiones militares y enfrentamientos fronterizos y
declarar nulos los términos del armisticio entre ambas coreas.
En paralelo a las amenazas y bravatas norcoreanas, EEUU y Corea del Sur establecen las bases para colaborar en un
eventual escenario de conflicto en la red.
Esto se traduce en que el pretexto del ataque por parte de hackers se
sostiene con dificultades y las próximas intrusiones en el sistema del
norte serán ya confirmadas sin excusa, como métodos de “defensa”.
Por
otro lado, parece que los ataques “de vuelta” pueden tener su origen en
la propia China, aunque Corea del Sur se guarda bien las espaldas y
acusa a sus compatriotas del norte de las
recientes infecciones que afectaron a bancos, ordenadores personales y canales de televisión.
Por su parte, los EEUU han descrito entre sus
prioridades estratégicas la intrusión en las redes que controlen el programa militar
de Corea del Norte. La información pública que se conoce al respecto,
advierte que podrían estar en disposición de manejar una variedad de
herramientas de ataque que aunque no de la
sofisticación del gusano israeloestadounidense Stuxnet podrán comenzar a comprometer sectores estratégicos en poco tiempo.
3. Rusia, la ciberdelincuencia y el espionaje El caso más famoso de
ataque de supuestos hackers a una nación fue el de 2007 a Estonia.
Por aquel entonces, el país báltico era una de las naciones de mayor
penetración digital de occidente. Diversos sistemas fundamentales, entre
los que destacaban el sistema bancario y las infraestructuras públicas,
desde saneamiento hasta los mismos semáforos, fueron bloqueados durante
cerca de dos semanas a consecuencia de la retirada de un monumento
identitario para la población rusa que habita el país.
Expertos de la OTAN tendrían que acudir para tratar de hacer cesar dicho ataque cuyo origen se ubicaría finalmente en la Federación Rusa.
Ninguno
de estos ataques “políticos” ha sido en ningún caso reconocido, como
viene siendo pauta habitual, por autoridad alguna. Las especulaciones
posteriores apuntarían a una suerte de
“encargo” a hackers con capacidades de movilizar enormes Botnets para llevar adelante estos.
La
afirmación que el negocio ilícito es el modelo de empresa capitalista
más perfecto podemos trasladarla al ámbito de la red. El empresario
delictivo busca un nicho de mercado y lo explota de la mejor forma
posible. Para ello, la red se ha convertido en un nuevo lugar donde
poder difundir su mercancía mejor.
En el caso ruso también parece
ser más cierto que en ningún otro que existen múltiples operadores
independientes que se dedican al delito informático sin relación con el
Estado. Informes como es de
Russian Underground 101, a cargo de Max Goncharov, detalla todas las actividades ilícitas que se realizan en la red y los precios a los que estos
cibercriminales profesionales, prestan sus servicios en el
mercado negro del hacking ilícito, en foros como
antichat.ru, xeka.ru y cardingcc.com.
Grandes estructuras de ciberespionaje como la recientemente desvelada
”Octubre Rojo” apunta a nuevas formas de
espionaje netamente delictivo
con origen ruso. La sofisticación de este software espía es muy grande.
Con un periodo de operación de más de cinco años, este software utiliza
distintos módulos independientes, con pautas similares al malware
Flame, capaz de replicarse de forma oculta y descifrar códigos como
ACID, desarrollado por el Ejército francés y que emplea la OTAN y la Unión Europea.
4. Anonymous y el Hacktivismo Las
sucesivas detenciones de diversos individuos que se atribuyen a redes
de Anonymous o miembros de LulzSec apenas han conseguido poner freno a
las constantes campañas que estos colectivos agrupados bajo un nombre
común realizan.
Desde sus primeras operaciones surgidas de
4Chan
contra emisoras racistas o la Cienciología, El colectivo Anonymous ha
evolucionado hacia una mayor concienciación de su papel como activista
por los derechos en Internet. Su apoyo a Wikileaks, en la llamada
Operación PayBack,
con las primeras acciones contra su bloqueo financiero, los llevarían a
saltar definitivamente al primer plano informativo. También aumentarían
su
base de simpatizantes agregando un perfil mucho más activista y comprometido.
Desde
entonces las operaciones de grupos de Anonymous irían incrementándose,
sobre todo contra países con censura, organismos, políticos e incluso
empresas. Ni siquiera la pederastia quedaría fuera de los ataques del
grupo, que realizaría un masivo bloqueo al servidor de la red oculta que
más páginas de este tipo empleaba.
El grupo LulzSec, impulsaría un ataque contra la compañía Sony que culminaría con
la caída de PlayStation Network y la revelación de buena parte de nombres y claves de usuarios de sus clientes, como consecuencia de la denuncia de Sony contra
George Hotz, creador del
Jailbreak
para iPhone que luego realizaría igualmente para la PlayStation 3. Los
cambios de la política de uso de su consola y las restricciones que
trataban de imponer a su este volverían a tener
consecuencias para esta con sucesivos ataques
que culminarían con la apertura final de esta a ser “pirateada” y la
consiguiente puesta a disposicíon de juegos para su descarga.
La
legislación que pretendía limitar la piratería y de paso buena parte de
las libertades ciudadanas en la red, denominada SOPA, agruparía a buena
parte del sector tecnológico. Acompañando a la línea cívica, que
finamente conseguiría tumbar la ley, las operaciones de Anonymous
tomarían el nombre de
Operación BlackOut y pasarían por ataques a empresas y organismo gubernamentales que apoyaran dicha legislación.
5. Una difusa guerra contra el terrorismo Podemos afirmar que el
yihadismo
internacional ha comenzado a ver cómo la actividad en la red puede ser
empleada más allá de fuente de reclutamiento y comunicación entre sus
miembros. Así grupos como la
ciberguerilla Izz ad-Din al-Qassam,
han comenzado a emplear metodologías muy similares a las que emplean
grupos como Anonymous para realizar sus acciones en la red. Una de sus
formas más recurrentes de ataque ha sido
contra bancos estadounidenses. Estos
ataques constantes
se han sucedido a lo largo de un periodo de ocho meses. Al igual que
apuntábamos respecto al caso iraní, parece que grupos vinculados a este
país son los dan soporte a este nuevo “comando” que también suele
aparecer como
QCF (Izz ad-Din al-Qassam Ciber Fighters).
En este sentido, podemos encontrar
paradojas al estilo de la OpUSA,
anunciada para el próximo día 7 de mayo por parte de Anonymous, como
forma de protesta de las violaciones de derechos humanos en las que los
EEUU pueden ser responsables. Podría darse el caso que, aunque de forma
autónoma, converjan los intereses de grupos completamente divergentes en
este ataque. Como hemos explicado más arriba, el caso de Siria e Irán
no deja de colmar de contradicciones a un occidente capaz de apoyar a
los mismos yihadistas que persigue en sus propias fronteras.
La
“lucha contra el terrorismo” se ha convertido en el nuevo comodín del
populismo conservador capaz de justificar cualquier legislación una vez
modelada oportunamente la opinión pública. La realidad ha demostrado que
la mayor parte de las líneas de actuación que se han anunciado
públicamente
han terminado por tener un empleo bien distinto. Las
diversas unidades surgidas a partir de la Patriot Act, después del 11S,
demostraron una escasa eficacia a pesar de la ingente cantidad de
recursos destinados a estas. El espionaje del activismo dentro de los
propios EEUU ha terminado por ser una de las mayores actividades de
dichos grupos. En este sentido la
ciberyihad parece ser el
placebo necesario para mantener una tensión pública lo bastante asustada
como para comulgar con una sustracción de derechos de otro modo
intolerable.
La propia legislación que supuestamente persigue
controlar las comunicaciones terroristas no deja de ser un brindis al
sol al respecto. Sin embargo
legislaciones como CISPA permitirán que el
espionaje ciudadano
pueda realizarse no solo por agencias estatales autorizadas para ello,
incluso extrajudicialmente al tratarse de la supuesta persecución del
terrorismo, sino por
las mismas compañías que prestan servicios de Internet.
Intentar
orientarnos entre los múltiples escenarios de la ciberguerra y el
cibercrimen resulta tan complejo como relatar el nuevo orden mundial que
se está conformando. Quizás lo más interesante es que estos movimientos
soterrados son las muestras de mayores despliegues y pueden apuntar la
dirección geoestratégica del futuro. La ciberguerra en la actualidad no
es más que la escaramuza inicial de futuros conflictos. Aun así, en un
futuro próximo su importancia la llevará a un primer plano. De cualquier
manera conocer su desarrollo dice mucho más que los discursos
oficiales, teñidos de la diplomacia falsaria que nos revelara Wikileaks.
Fran Andrades
Fuente:
http://betatic.com/cinco-escenarios-de-ciberguerra-en-el-nuevo-orden-mundial-actual/
Etiquetas: activismo digital, ciberguerra, EEUU