domingo, 18 de marzo de 2012

Brasil enlaza a Latinoamérica

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La experiencia brasilera del Plan Nacional de Banda Ancha (PNBL, siglas en portugués) es un caso de éxito y un indicador del rol dinamizador de los Estados nacionales, cuando se ejecutan acciones concretas dirigidas a masificar el acceso en zonas abandonadas o monopolizadas por los operadores privados. Su propuesta en el diseño de políticas comunicacionales implica una oportunidad para fijar la agenda digital en el resto de la región.
En octubre de 2011, durante la gestión de Luiz Inácio Lula Da Silva, 344 ciudades brasileñas pudieron ofrecer a sus habitantes servicios de Internet, de 1 Mbps de velocidad, a un precio mensual de 18 dólares, con una proyección de cubrir a corto plazo 544 municipios y completar todo el territorio nacional en 2014.
TELEBRAS es una empresa de capitales mixtos, para cumplir las metas señaladas por el Decreto N° 7.175/2010, firmó un entendimiento con las privadas Telefónica, Telecom y Sercomtel, a las que se sumaron las prestadoras inalámbricas TIM (gerenciada por Telecom Italia) y Claro (Telmex). Dentro de este segmento, la filial de América Móvil advirtió que pretende incentivar la competencia y ofrecer Internet a precios populares, mientras TIM aseguró que para este 2012 llegará a 1000 ciudades.
A su vez, el compromiso asumido por los operadores de telefonía fija de ofrecer servicios de valor agregado a un piso del 15 por ciento de sus clientes. De esta manera, la medida obliga a las telcos privadas a dar banda ancha en todas las zonas en donde deseen operar y a realizar las inversiones necesarias en fibra óptica y otras tecnologías asociadas.
Si bien los costos de acceso son aún muy elevados en relación con Europa –donde la apertura de la competencia en telecomunicaciones abrió fuertes batallas de precios–, en donde se ofrece 100 Mbps de conectividad (cien veces más) por valores similares, la tendencia indica que Brasil apunta también a generar mecanismos de universalización por economías de escala y a superar el desafío comunicacional de conectar un territorio basto, de geografía adversa y zonas selváticas de compleja accesibilidad.
El PNBL cuenta, además, con la infraestructura y apoyo logístico del otro gigante estatal, la empresa de hidrocarburos Petrobrás, que puso a disposición su tendido de fibra óptica para la fase inicial del proyecto, donde une 28 Puntos de Presencia (PoPs) del tramo Sudeste de la red, con unos 2000 kilómetros de cableado que enlazan la capital, Brasilia, con los estados de Minas Gerais, Río de Janeiro y San Pablo.
Las líneas de acción implementadas por el gobierno de Brasil presentan dos tipos de estrategias. Conectar zonas “por tramos de red”, como ocurre en el Sudeste, y la firma de contratos a nivel nacional con empresas subsidiarias del sector eléctrico, para la región Sur.
El Plan pretende pasar de los actuales 20 millones de accesos a 40 millones para 2014, en el quinto país más poblado del mundo, con alrededor de 200 millones de habitantes.
Sin embargo, la baja densidad en algunas áreas implica, según señaló a mediados de 2011 el ministro de Comunicaciones, Paulo Bernardo, la necesidad de elaborar directrices claras para que el sector privado universalice el servicio.
El 29 de noviembre de ese año, Bernardo propuso en el Foro Regional de Banda Ancha realizado en Brasilia, la creación de un anillo sudamericano de fibra óptica que permita interconectar a todos los países de la región. Según la agencia cubana Prensa Latina, el ministro calculó que con una inversión de 60 millones de dólares en sólo dos años se podría llegar a instalar la infraestructura.
Brasil presenta un modelo de desarrollo asociativo que toma las riendas del mercado con medidas regulatorias. Dada su posición geográfica, el gigante del sur pone en contacto sus fronteras nacionales con toda Sudamérica.
El acuerdo firmado por las presidentas Dilma Rudseff y Cristina Fernández de Kirchner el pasado 31 de enero indica el comienzo de un proceso de integración regional que crece al compás del caso brasileño, ya que su red podría consolidar las iniciativas planteadas en UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) al integrar los ejes de infraestructura diseñados por el Foro Técnico del Consejo Sudamericano de Ministros de Infraestructura y Planeamiento (COSIPLAN), en 2010, consolidando una sola red desde la zona andina, las Guyanas y Surinam, hasta la Patagonia argentina.
Los 40 millones de puntos acceso planificados implican, al menos, el 75 por ciento de la población total conectada, de calcularse cada cuenta/cliente sobre la base de un grupo familiar primario (de cuatro integrantes). Todo ello sin contabilizar ingresos a Internet a través de pisos tecnológicos escolares, los espacios laborales y la presencia activa de locutorios en poblados de bajos recursos.

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