viernes, 17 de abril de 2015

Despegan los drones made in Argentina

Se vendieron los tres primeros vehículos no tripulados fabricados a partir de componentes nacionales. Costaron 200 mil pesos en total y están orientados al sector industrial. En paralelo, se creó una asociación para regular la actividad. Las claves de un negocio toma altura.

El drone argentino existe. Se hace ‘a pulmón’ a partir del ingenio de un ingeniero en informática y de su socio, especializado en Geofísica, que decidieron armar esos vehículos aéreos no tripulados (VANT) para destinarlos a aplicaciones agroindustriales. En la última semana de marzo lograron entregar los tres primeros multicópteros -poseen seis motores-, y los algo más de $ 200.000 que recauden por la venta del combo productos-servicios servirá para reinvertirlo y, así, lograr armar el famoso círculo virtuoso del negocio.

Ramiro Saiz, ingeniero informático, emprendedor y autor del blog ‘La web de los drones’, estuvo trabajando en el desarrollo del drone argentino desde hace algunos años. Autodidacta, se convenció de que se podía hacer un prototipo local a partir del diseño de estructuras con un material alternativo a la fibra de carbono importada. Y así se mantuvo, investigando, hasta que en el segundo semestre de 2014 inició las primeras pruebas del vehículo con algunas partes fabricadas con diversos proveedores del país.

Los drones que diseñó Saiz con su socio tienen aplicación industrial, a diferencia de los que se encaran en el ámbito militar, orientados específicamente a la seguridad, o a los que se importan, más enfocados hacia las filmaciones o, incluso, al entretenimiento hogareño. "Los tres drones que entregamos son para la actividad agraria y para la minería. De hecho, la minera que nos encargó el VANT también nos pidió que le desarrollemos un ‘bote drone’, es decir, un barquito manejado a través de radio control pero con piloto automático, con ecosonda", explica Saiz a IT Business. Será para usar en los piletones donde la empresa suele tirar los residuos que surgen de la actividad minera y que deben controlar por la contaminación. Así, en vez de mandar a personas en un bote a realizar esas mediciones, conocidas como batimetría, enviarán al ‘bote drone’.
Para la actividad agropecuaria, estos drones ayudarán a realizar tareas de espectrometría, tomar fotos de los cultivos para saber si necesitan más pesticidas, o más riego, entre otras variables que entran en juego en este mercado.

El drone argentino es un multicóptero de seis motores. Está integrado por componentes nacionales e importados. La fibra de carbono es fabricada en el país. También se realiza localmente el corte automatizado de la estructura, el diseño, y el ensamblado, que lo realiza el propio Saiz. Los motores y las hélices llegan de afuera, pero también se está explorando si es posible hacerlas acá. Las hélices, igualmente, están cubiertas con un material especial para que, en caso de que golpee algo, no rompa nada ni lastime a nadie. El emprendedor indica que este hexacóptero es más seguro que los vehículos no tripulados que habitualmente se ven y que están compuestos por cuatro motores pues, si uno de ellos falla, el aparato se cae.

Reinvertir lo que se recaude con las primeras ventas de este drone argentino es clave para que se puedan fabricar otros y comenzar a explorar el mercado exterior. "Hay interesados en nuestros vehículos y tenemos la intención de producirlos y de hacer una primera exportación en el corto plazo, sobre todo para conocer todas las barreras que existen. Ya estamos al tanto de las trabas que hay para importar, ahora queremos saber cuáles son los obstáculos para poder vender a otro país", agrega el ingeniero informático.
Pero hay más. A la hora de ofrecer la fabricación de drones, también brindan la capacitación pertinente. Para eso, hace unas semanas, Saiz integró un drone de 25 centímetros para entrenar a un grupo de la UTN. La experiencia fue tan positiva que la universidad quiere adquirir ese tipo de vehículos para ampliar los entrenamientos entre sus alumnos.

Así, en poco tiempo, los drones se volvieron populares. Especialmente a partir de que aparecieron como un producto de consumo en ciertas cadenas de artículos del hogar del país. Como si fuera un avión a control remoto, aunque un poco más sofisticado. Pero no es un juguete ni mucho menos. Y eso se advirtió en octubre del año pasado cuando el Aeroparque Jorge Newbery dejó de operar durante 45 minutos debido a la detección de un drone de una productora contratada por Autopistas Urbanas Sociedad Anónima (AUSA) que sobrevoló los alrededores de la Costanera Norte para tomar imágenes. El vehículo fue detectado por la torre de control que, además, comprobó que no había sido autorizado a circular por la zona. La historia terminó con dos empleados de la productora demorados y una situación de emergencia que preocupó a la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), a cargo de la seguridad aeroportuaria.

A partir de este incidente y de las iniciativas que se encaran tanto desde el ámbito legislativo como desde el sector militar para definir una regulación que ordene el uso de los drones en el país, los principales referentes de esta actividad decidieron trabajar juntos y conformar una asociación sin fines de lucro para acompañar el proceso.

A esto se suma que el INVAP está a cargo del proyecto SARA (Sistema Aéreo Robótico Argentino), orientado a contar con drones para realizar tareas de vigilancia y control de los grandes espacios terrestres y marítimos del país.

La asociación no tendrá fines de lucro pero para formar parte será necesario adherir a través de una membresía. El objetivo será destinar esos aportes a la organización de seminarios y a realizar actividades para impulsar las buenas prácticas en el uso de drones en el país.

En el segundo semestre de 2014 algunas cadenas de electrodomésticos y sitios de comercio electrónico especializados comenzaron a ofrecer drones en precios que arrancaban en los $ 8.000. Pero manejar un drone no es lo mismo que un helicóptero a control remoto. Los más simples tienen cuatro motores y suelen medir no menos de 50 centímetros de diámetro (como los que causaron el incidente en Aeroparque).

Los drones para seguridad y actividad militar también están en el centro de la escena. El mencionado proyecto SARA es una iniciativa que data de noviembre de 2010, cuando, en el marco de la resolución N° 1.484 del Ministerio de Defensa, se decidió profundizar una tarea que, previamente, se estaba desarrollando con el sistema Lipan del Ejército Argentino y con otras actividades de parte de la Armada y de la Fuerza Aérea. Con SARA, la cartera de Defensa pretende aunar esos esfuerzos. Y el INVAP se encuentra en fase de desarrollo de VANTs de distintos tipos, que deberán cumplir diferentes funciones.

La puesta en marcha de SARA también contempla la instalación de estaciones terrenas de control e información, y unidades móviles para la recepción de los datos que obtengan los drones.

Fuente: Cronista


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