El sitio Vevo busca expandirse en América latina
Hablar de televisión como si nada
hubiera ocurrido en los últimos diez años es anacrónico e
imprudente. Hablar de música como si nada hubiera ocurrido en la
última década, también. Por lo menos en lo que respecta al costado
“negocio” de ambos campos, la aparición del universo digital ha
dado vuelta como un guante las relaciones entre arte e industria de
un modo que nadie hubiera pensado hace un cuarto de siglo. La
complementación total entre televisión, comunicaciones e Internet
–que muchos esperaban para mediados de la década pasada– hoy es
un proceso que se lleva a cabo de modo constante.
Y en ese contexto,
lo que importa es atraer usuarios. Por eso es que el sitio de videos
musicales Vevo planea lanzar finalmente sus canales para América
latina con contenidos específicos para la región, después del más
que exitoso lanzamiento, en junio de 2014, de su sitio para México.
El Vevo mexicano es hoy el segundo mercado de la empresa casi a la
par de Estados Unidos, con 1.400 millones de visitas para el
visionado de 11.000 millones de videos servidos. El servicio también
está disponible en Brasil, que es otro mercado en crecimiento
constante en la medida en que crece también el acceso a la banda
ancha. Pero no está disponible en el resto de los países de América
latina, donde se planeaba el desembarco para 2012, especialmente por
cuestiones de derechos. En efecto, el problema de quién es el dueño
del contenido y cómo deben repartirse las regalías por las
reproducciones permanece como una traba mayor para el crecimiento,
tanto regional como global, de este tipo de servicios.
Vevo tiene una diferencia importante
respecto de, por ejemplo, los servicios de streaming on demand:
resulta gratuito para el usuario, porque se sostiene por la venta de
publicidad. La empresa es una joint-venture entre Google, Sony Music,
Universal Music y Abu Dhabi Media, y se mantiene por la venta de
publicidad online. Sony y Universal se llevan las regalías
correspondientes por los contenidos y los demás se reparten
proporcionalmente lo que entra por avisos. Cada artista tiene su
propio canal, pero además hay una señal de televisión en vivo
durante las 24 horas del día. Por otra parte, Vevo tiene su propio
canal en YouTube, lo único a lo que puede acceder el usuario que no
vive en alguno de los territorios donde se ha instalado la empresa.
A principios de esta semana, Vevo firmó
un pacto con IMS, Internet Media Services, una empresa con base en
Miami que se dedica al negocio publicitario en Internet para que
actúe como su representante en América latina, con la mira puesta
en alcanzar ese mercado. Paralelamente, Sony –uno de los socios más
fuertes de Vevo– había comprado el 51% de IMS también en busca de
una mayor presencia en la región. El resultado es que se prioricen
los contenidos de artistas provenientes de los distintos países
donde aún Vevo no ha podido ingresar. Es cierto que sus catálogos
no son absolutos: ni EMI ni Warner han cedido los suyos. De hecho,
Warner firmó finalmente un pacto de difusión en Internet con MTV,
es decir con Viacom, uno de los operadores multimedia más
importantes de Estados Unidos.
Como fuere, el problema central de
estos sistemas es que, montados sobre Internet, tienden a volverse
globales. Y el problema de la globalidad es el de las legislaciones y
límites dentro de cada región. Cuando se apunta a contratar
artistas locales o contenidos específicos de un país, también se
apunta a llegar a alguna clase de equilibrio respecto de la espinosa
cuestión de los derechos. Para decirlo de otra manera: se ofrece un
pago menor que el que el artista recibiría según los contratos en
su propio país, pero se le asegura una difusión en un mercado
muchísimo mayor. En el caso de Vevo, no deben olvidarse dos cosas:
el primer mercado es el estadounidense (con el mexicano detrás) y la
población hispanohablante de Estados Unidos no sólo es muy
importante sino que el castellano está cerca de ser segunda lengua
oficial. Y aunque existe una integración vía el inglés, también
los “latinos” conservan sus propios medios y tradiciones. Ese
mercado es creciente e importante, así que tener contenidos
latinoamericanos significa también potenciar a los consumidores
estadounidenses.
La otra cuestión es que el principal
producto de Vevo son los videos musicales; es decir, contenidos
breves que pueden verse en cualquier momento en cualquier dispositivo
conectado a Internet. Tal modo de difusión permite una audiencia
mucho mayor que la televisión tradicional, que encuentra el rato de
ocio en cualquier momento y situación, y por lo tanto puede acceder
a la publicidad también en cualquier momento y situación. El
negocio de la TV hoy pasa por Internet: grandes series on demand para
quien quiera sumergirse en ellas, material breve para formatos
chicos. El resto parece encaminarse a la lenta extinción.
Fuente: Bae
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