jueves, 14 de noviembre de 2013

Ya es realidad el final de la televisión tal como se la conoce

La nena, de no más de cuatro años, se acerca al televisor y toca la pantalla con su dedo índice. Lo hace una vez y mira. Nada. Luego repite la acción una y otra vez. Cada nuevo contacto, se percibe desde unos metros, parece llevar más presión. Al cabo de un tiempo de observarla, se cae en la cuenta de que la niña no es víctima de la magia de la televisión: ella no quiere agarrar a ninguno de los personajes que la pantalla reproduce. “Quiero ver otra cosa”, dice, enojada, con la ingenuidad de su edad, pero con la experiencia de haber nacido en los tiempos de las pantallas táctiles conectadas a Internet. La situación ocurrió aquí, en la Argentina, pero podría repetirse (seguramente habrá pasado, pasa en este mismo momento y pasará durante los próximos años) con cualquier otro niño o niña con menos de 10 años en cualquier otra parte del mundo. La tecnología modificó la manera en la que se accede a los bie-nes culturales, echando por tierra viejas tradiciones. Y la televisión, parece, es el medio que más está evidenciando las consecuencias del mundo digital. No por casualidad el futuro de la pantalla chica se discutió, y mucho, en el reciente Mipcom, el mercado de contenidos audiovisuales que hace unos días reunió en Cannes a los principales ejecutivos televisivos.


El diagnóstico es compartido: la tevé tal cual se la conoció en las últimas seis décadas está llegando a su fin. Independientemente de sus procedencias, quienes están detrás de la pantalla chica saben que el modelo tradicional ya no es funcional a los actuales consumos audiovisuales, donde ver lo que se quiera, cuando se quiera y donde se quiera se transformó en una máxima irrenunciable. Para cierto sector etario, la TV everywhere es una novedad que hipnotiza, una auténtica revolución. Para otros, los más pequeños, se trata de la única manera de entender y ejercer el derecho a acceder a programas de tevé, películas, videos o series. ¿Por qué seguir los caprichos comerciales de un programador o de una corporación para ver un contenido si uno puede verlo cuando, donde y por el soporte que desee?


“La nueva edad de oro de la televisión.” El eslogan que signó la reciente edición de Mipcom no deja de ser una verdad, pero a medias. Al analizar la última década y media, nadie puede desconocer la enorme calidad artística y narrativa que alcanzaron los contenidos televisivos. En materia de ficción, incluso, grandes actores de teatro y cine de todo el mundo no sólo se volcaron a trabajar para la pantalla chica, sino que han admitido la innovación de sus propuestas. El opaco momento de la industria cinematográfica en Hollywood, cada vez más limitada a un negocio que no sale de los superhéroes, los vampiros y las sagas para adolescentes, ayudó a que las propuestas más creativas del mundo audiovisual surgieran y se desarrollaran en la tevé, preferentemente –aunque no exclusivamente– en el cable norteamericano.


No es la tevé, estúpido


El problema del eslogan de la feria audiovisual más importante del mundo es, justamente, seguir llamando “televisión” a esos contenidos. En una era en la que las audiencias de tevé caen estrepitosamente y en donde buena parte de las series son vistas por medio de soportes digitales, hablar de “televisión” es no comprender un futuro que ya es realidad. O hacer ejercicio de la negación. En una de las conferencias, Gary Carter, de la productora Shine, planteó la problemática que impone el mundo hiperconectado. “Cuando ahora nos referimos a ‘televisión’ en la industria, ya no queda claro si se está hablando de los programas o del aparato eléctrico ubicado en el living. Estamos empezando a hablar más a menudo sobre `contenido’ que de ‘televisión’”, subrayó el ejecutivo, encargado de desarrollar el negocio 360º para la empresa británica.


El diagnóstico de Carter fue el de muchos ejecutivos. Roma Khanna, CEO del departamento de MGM en Nuevos Medios, también fue contundente respecto de la revolución que el mundo digital plantea en el negocio de tevé. “Lo interesante de la evolución de los modelos actuales de negocio –señaló en Cannes– se percibe en las ventanas. En el pasado, el circuito de emisión era estanco y lineal: una película se veía primero en el cine, luego pasaba al VHS o DVD, después tenía emisión en tevé paga y recién entonces tenía ventana en tevé abierta. Lo que está sucediendo ahora es que el circuito audiovisual está completamente fragmentado, es un caleidoscopio de ventanas. Ahora las ‘bolas’ son lanzadas en el aire, y cada cual las puede tomar como se le dé la gana en ese momento.”


De la misma manera que hay coincidencia en el momento de transición que está atravesando la tevé, la sensación que dejaron las distintas conferencias en la principal feria de contenidos y formatos televisivos fue que, sin embargo, los ejecutivos no creen que la televisión abierta esté empezando a “oler feo”. Ya sea como una manera de conservar sus poderosos puestos de trabajo o como consecuencia de haber sido formados con la lógica tradicional, quienes se encargan de desarrollar las “segundas ventanas” continúan pensando la industria con la televisión como centro productivo. En general, las voces que se escucharon piensan las plataformas digitales simplemente como una evolución de la tevé. De hecho, ninguno admitió que a esta altura, para determinado público, la tevé abierta es, en realidad, la “segunda pantalla” de la web en términos de acceso a los contenidos. ¿O quién duda de que para el público sub-40 la tevé abierta ya es, apenas, una opción más de entrenimiento audiovisual? Una opción que, entre Netflix, Hulu, YouTube y otras plataformas de videos, definitivamente tampoco encabeza su orden de prioridades.


La respuesta de la industria televisiva a la revolución que se está produciendo no parece estar a la altura de las consecuencias que el mundo digital plantea en la vida cotidiana. En general, la mayoría de las voces que se escucharon entre los productores y programadores en Mipcom es seguir pensando los contenidos bajo los lineamientos del modelo tradicional, para televisión, anexándole algún tipo de de- sarrollo para que el público interactúe en otras plataformas. Es decir: para ellos, la tevé sigue siendo la materia prima de la que se desprende el resto de los contenidos. Es más: la industria da la sensación de sentirse obligada a hacer pie en las redes porque “es el lugar en el que hay que estar”, más que la puesta en marcha de un plan paulatino de reformulación del negocio. Una mirada conservadora que, a priori, responde más a la lógica de ejecutivos formados en un modelo televisivo que se presenta como vetusto a los ojos de las nuevas generaciones.


Pantalla(s) chica(s)


En el Mipcom, los más de cuatro mil compradores de todo el mundo –que sellaron adquisiciones y ventas de formatos y contenidos de los más diversos orígenes– admitieron interés en encontrar el nuevo modelo de negocio que satisfaga la demanda de las nuevas generaciones, nacidas y criadas bajo el formato de shortfilms. En ese punto, los contenidos de corta duración, abiertos a la interacción y la participación del público, fueron los más solicitados entre los participantes. En efecto, cuando se caminaba entre los pasillos del Palais des Festivals, sorprendía la cantidad de stands destinados al público infantil o adolescente, con proyectos televisivos que incluían su explotación en la web, las redes y otros negocios colaterales, como el teatro y la música. No por casualidad un tercio de los productores y programadores acreditados en la edición de 2013 pertenecían a empresas desarrolladoras o distribuidoras de contenidos digitales. Los organizadores rápidamente recogieron el guante y anunciaron el primer Mip Digital Fronts para abril del año que viene.


Mientras que las empresas de tevé de todo el mundo terminan de hacer el clic necesario para no quedar relegadas ante la revolución audiovisual que ya se está produciendo, en la Argentina la necesidad de encontrar divisas en otros mercados llevó a que ya haya desarrollos interesantes al respecto. Uno de ellos es Aliados, la propuesta de ficción de Cris Morena que se emite una vez por semana por Telefe, al día siguiente por FOX, se cuelgan diariamente en Internet webisodios de ocho minutos y que desarrolló un disco musical y –próximamente– una obra de teatro. Si bien el rating no acompaña la propuesta, ya que promedia menos de 10 puntos en pleno prime time, la ficción debe evaluarse íntegramente, en función del negocio 360 grados (ver aparte). Aliados es, sin dudas, una ficción que da los primeros pasos de cara a proyectar el contenido del futuro. Una plataforma 360º que trasciende a poner en pantalla las menciones en Twitter que alcanza un programa o a la posibilidad de ver el contenido online, esos maquillajes con los que algunos programas creen dar cuenta de los nuevos hábitos.


“La multiplataforma ya está en nuestra cabeza”, afirma en diálogo con Página/12 Tomás Yankelevich, desde la reformulación de su cargo como director de contenido global de Telefe. “Lo hacemos desde nuestra web, pero también desde el canal propio de YouTube o con la gente de Google, Netflix o el On Demand de Cablevisión. El problema es que es muy difícil convencer a los anunciantes de que se vuelquen a otra plataforma. Con resultados los convencés, pero para generarlos hay que invertir mucho dinero”. El joven director cree que la fusión de la tevé y los nuevos medios debe hacerse cuanto antes. “En Telefe tomamos la decisión de que todos nuestros productos televisivos, de ahora en más, deben tener una pata en la web y otra en una segunda pantalla, como celulares, con contenido exclusivo. Incluso, modificamos nuestro circuito de producción: ahora la gente que produce el programa de tevé se encarga también de producir el producto web. Antes, esas dos áreas estaban separadas y chocaban, porque el productor de tevé era el importante y el de la web se sentía el hermanito menor. La fusión ayuda a fogonear a las nuevas plataformas”, señala Yankelevich.


Si bien las miradas apocalípticas referidas a los medios de comunicación nunca fueron muy certeras –la radio no murió con la irrupción de la TV ni el cine tuvo un final trágico con el VHS–, lo cierto es que el mundo digital posee una característica que vuelve única esta revolución: el contenido de la radio, el de la tevé y el del cine se puede ver a través de Internet. En la era digital, cualquier cosa –todo– cabe en la web. Será cuestión de que la tevé abierta entienda que debe hacer borrón y cuenta nueva para poder subsistir en la era del consumo fragmentado. Y no convertirse únicamente en la financista para los próximos años de una industria que ya no piensa en una familia sentada en el sillón del living frente a un aparato de TV.

Emanuel Respighi

 
Fuente: Página 12

 

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